Profesor Humberto Sainz Cabrera

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SÓLO LOS QUE LA PRACTICAN CONOCEN DE SU REAL ALCANCE
Por Paquita Armas Fonseca
Con 47 años de experiencia como profesional el Dr. Humberto Sainz Cabrera es toda una autoridad en la anestesiología y no sólo en Cuba. Cienfueguero de nacimiento, es Jefe de la Sección de Anestesiología y de la Unidad de Cuidados Intensivos Quirúrgicos (UCIQ) del Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular (ICCCV) desde 1976 y Presidente de la Sociedad Cubana de Anestesiología y Reanimación a partir de ese año y hasta el 2012, sino lo vuelven a elegir. Es además Miembro de Honor de organizaciones afines de República Dominicana, Honduras, España, Perú, Argentina, miembro de la Federación Mundial de Sociedades de Anestesiólogos y ha sido declarado visitante ilustre del Municipio de Salinas, en Ecuador, Alcaldía de Totora, Argentina; de la Ciudad de El Salvador, El Salvador; de Veracruz, México y de Santo Domingo, República Dominicana, entre otros reconocimientos internacionales merecidos.
Tomó cursos de especialización en la antigua URSS, Checoslovaquia, Alemania y Suecia y ha impartido materias de anestesiología a profesionales de trece países, al margen de los numerosos módulos organizados y de los que ha sido profesor en Cuba, desde tres décadas atrás.
En su haber se acumulan los eventos científicos nacionales e internacionales en los que ha participado. No son pocos los que ha coordinado como el XXIII Congreso Latinoamericano y II Ibero latinoamericano de Anestesiología en 1995 y el III Congreso Ibero latinoamericano de Anestesiología y Reanimación, en Sevilla, España en 1998.
¿Qué lo llevó a estudiar medicina? ¿Tuvo influencia familiar?
En lo absoluto. Soy el primer médico y trabajador de la salud de mi familia. A los 13 años me descubrieron una escoliosis y me interesó mucho toda la investigación y tratamiento aplicado, el final fue exitoso y decidí ser médico.
¿Por qué hizo la carrera en la Universidad de La Habana? ¿No tenía otras opciones?
En la década de los años 50 solamente la Bicentenaria Universidad de La Habana contaba con Facultad de Medicina.
¿Qué experiencias recuerda de su trabajo inicial en Baracoa?
Son incontables y de todo tipo. Podría escribir un libro con ellas; la primera, muy impactante fue el aislamiento de esa zona del resto del país. No existían carreteras, no llegaban la televisión y la radio del país; no se conocía el ferrocarril, ni los teléfonos automáticos y la luz eléctrica solamente existía en la ciudad. Por tanto el atraso social, económico y cultural en la zona era inmenso.
Nuestro grupo de ocho médicos rurales atendió durante treinta meses una población que había sido abandonada totalmente durante siglos.
¿Cuánto aporta a un profesional ser médico rural?
Mí desempeño como Médico Rural en el Hospital General de Baracoa 1963-1965 constituyó la “escuela” donde me forjé como hombre, como médico y como revolucionario. Lamento que se considere innecesario, continuaría siendo una gran fragua.
¿Qué lo llevó a la anestesiología?
Siempre me atrajo la Clínica pero la Medicina Interna - la madre de todas las especialidades médicas- no es una disciplina de acción y siempre la acción me ha atraído; pronto advertí que la Anestesiología y la Reanimación no era una especialidad solo para “dormir” y hacer insensible al paciente durante la cirugía sino que el anestesiólogo se convertía en el clínico a la cabecera del paciente que asume su seguridad, lidia con sus enfermedades y lo reanima cuando su condición es crítica y los pacientes críticos abundan. Por tal razón, de la anestesiología se ha desprendido la Medicina Crítica.
¿Qué importancia le concede a esa especialidad en una operación cardiovascular?
La Cirugía Cardiovascular es una actividad multidisciplinaria y muy compleja que ni siquiera el genio de Julio Verne la imaginó. En su ejecución las disciplinas tienen que funcionar como una orquesta que no acepta desafinaciones de ninguna de las especialidades comprendidas y la anestesiología es responsable de la seguridad, reanimación y restablecimiento inmediato de la homeostasis del paciente una vez corregido el defecto ó la enfermedad.
¿Cuánto decide la UCIQ en el resultado final de una intervención quirúrgica?
Como parte integral de esa actividad multidisciplinaria no puede estar divorciada de la conducción clínica intraoperatoria sino ser su continuidad; por ello hoy el mundo habla de Medicina Perioperatoria Cardiovascular. En ella se confirma el éxito de la operación realizada y se recuperan aquellos que por su gravedad y magnitud de la intervención es necesario reanimar totalmente.
¿Cómo situaría Usted la anestesiología que se practica en Cuba en el contexto latinoamericano?
He tenido la oportunidad de liderar la anestesiología latinoamericana y conocerla bien. En Latinoamérica se impone el ejercicio con propósitos económicos y en Cuba se ejerce en beneficio del paciente. La anestesiología en Cuba es más humana y nada mercantil.
Junto a reconocimientos de su terruño natal tiene otros de Villa Clara y Santiago de Cuba ¿Qué acciones realizó para merecerlos?
En los años 70 se decidió crear loa Cardiocentros en Santa Clara para cubrir las necesidades del territorio central y en Santiago de Cuba para cubrir el territorio oriental. Tuve el privilegio y el honor de contribuir al adiestramiento de los equipos quirúrgicos de esas provincias para los cuales el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular ha sido su Alma Mater.
¿Qué requiere un ser humano para ser un buen anestesiólogo?
Ante todo ser un médico en toda la extensión de la palabra, que vea en cada paciente a su cuidado a uno de sus seres más querido. Requiere además ser un anatomofisiólogo y farmacólogo clínico con grandes reflejos y mente fría ante las emergencias. 
¿Existen muchos alumnos interesados en esa profesión?
No tantos como quisiéramos pues lamentablemente es una especialidad que permanece en las sombras con escaso reconocimiento oficial, social y exposición pública a pesar de la alta responsabilidad de garantizar la seguridad de la vida durante cualquier acto quirúrgico que la requiera, además de atender con soltura a los pacientes críticos y ocuparse de tratar el dolor crónico y formar parte de los cuidados paliativos al paciente canceroso.
Es una especialidad apasionante que se desenvuelve entre el sueño y el despertar, entre la vida y la muerte. Se ha semejado mucho con la labor del Navegante de los aviones de gran porte. Solo los que la practican conocen de su real alcance. Se dice que “un buen cirujano merece un buen anestesiólogo y otros, lo necesitan”.
Otro aspecto que yo no haya preguntado y Usted desee decir.
Si volviera a nacer volvería a ser un Anestesiólogo Reanimador Cardiovascular, es fascinante participar en una operación de corazón abierto y contribuir a arrancarle a la muerte una vida con una expectativa superior; reanimarlo en el postoperatorio y verlo después feliz junto a su familia y de poder contar el “vía crucis” atravesado; ese es el mayor pago que habitualmente recibo en mi ya larga vida de medico anestesiólogo cardiovascular.