Profesor Christiaan Neethling Barnard

Christiaan Neethling Barnard (8 de noviembre de 1922 - 2 de septiembre de 2001) fue un médico cirujano sudafricano descendiente de las familias escocesas Baliol y Barnard. Estudió y se doctoró en la Universidad de Ciudad del Cabo.

Cursó medicina en la Universidad de "El Cabo", donde se graduó en 1953. Empezó su carrera como médico cirujano general en el hospital Groote Schuur, de Ciudad del Cabo, donde su hermano mayor Marius era jefe del equipo de trasplantes.

En 1955 obtuvo una beca para ingresar en la Universidad estadounidense de Minnesota, donde en 1958 obtuvo el título de doctor especialista en cardiología. Allí fue alumno aventajado del prestigioso doctor Owen H. Wangesteen, que le introdujo en la ciencia cardiovascular, mientras que el doctor Shumway le familiarizó con la técnica de trasplantes de corazón en animales, por lo que, a su regreso de Estados Unidos, empezó a practicar durante varios años con perros. En 1962 fue nombrado jefe de cirugía torácica del hospital Groote Schuur, donde ya había ejercido antes de doctorarse.

Había experimentado durante varios años con trasplantes en corazón de animales, después del primer éxito de trasplante de riñón en 1954. Barnard realizó el primer trasplante de riñón en Sudáfrica en 1959.

Los trasplantes de órganos no eran una novedad en aquel momento. El primer trasplante renal lo realizó el doctor Varony en 1936. En 1953, Hardy realizó el primer trasplante de pulmón a un paciente afecto de cáncer, y en 1954 Murray logró trasplantar con éxito los riñones de dos gemelos, realizando en 1967 un triple trasplante de riñón, páncreas y duodeno. En 1964, el mencionado Hardy trasplantó el corazón de un chimpancé a un hombre, que falleció al cabo de una hora por el menor volumen del órgano del simio.

Inicialmente trabaja en el hospital Grooter Schurr de Ciudad del Cabo, y posteriormente se traslada a Estados Unidos donde se especializa en cirugía cardiovascular. Fue profesor de la Universidad de Ciudad del Cabo desde 1963, y mundialmente conocido por realizar el 3 de diciembre de 1967 el primer trasplante de corazón en la historia de la cirugía.

Ese 3 de diciembre de 1967, una noticia que recogieron todos los teletipos asombró al mundo: un médico sudafricano había realizado el primer trasplante de corazón a un ser humano. El receptor fue Louis Washkansky, comerciante, hombre corpulento y optimista de cincuenta y seis años, desahuciado por un irreversible problema cardíaco, al que se unía una diabetes aguda. La donante, Dénise Darvall, una joven oficinista de veinticinco años atropellada junto a su madre por un automóvil.

La operación, llevada a cabo por un equipo de veinte cirujanos bajo la dirección de Barnard, duró seis horas. Al despertarse, Washkansky declaró que se sentía mucho mejor con el nuevo corazón. Médico y paciente salieron catapultados hacia la fama, aunque dieciocho días después, la madrugada del 21 de diciembre, el paciente murió de una neumonía, inducida por el tratamiento inmunosupresor que debía tomar.

El 2 de enero de 1968 realizó el segundo trasplante. Esta vez el receptor fue el doctor Philip Blaiberg, y el donante, el mulato Clive Haupt. El corazón de un negro latió durante 563 días en el cuerpo de un blanco. A partir de aquel momento, en medio de una polémica que no cesaba respecto a la bioética de tales intervenciones (¿está muerto el que no respira pero su corazón late?), los pacientes fueron ganando expectativas de vida, gracias a los fármacos inmunosupresores como la ciclosporina.

En 1974 realizó por primera vez en el mundo un doble trasplante de corazón, que consistió en añadir un corazón más sano a otro enfermo para ayudarle a cumplir las funciones del que ya tenía. Pero sus experimentos en el quirófano terminarían, tarde o temprano, en fracaso. En 1975, cuando empezaba a declinar su fama, visitó España para presentar su libro Tensión, con el propósito de no perder un ápice de popularidad en la cuenca mediterránea, donde era más adulado. Continuó realizando trasplantes de corazón. En 1979, sin embargo, se negó a participar en una operación de trasplante de cabeza humana por encontrar la idea impracticable y, «probablemente, inmoral». Esta afirmación le salvaguardó el honor.

La Máquina del cuerpo

En 1981, año en que promovía su libro La máquina del cuerpo, la artritis que padecía desde 1956 se agravó hasta impedirle el ejercicio de su profesión sin graves riesgos para el paciente.

En 1983, después de trabajar en un hospital de Estados Unidos, abandonó definitivamente el ejercicio de la cirugía. Hasta entonces había realizado alrededor de 140 trasplantes, entre ellos el del corazón de un mandril a una enferma de veinticinco años que murió a las pocas horas.

A partir de 1987 se dedicó a la investigación médica y dirigió cuatro equipos en el Instituto Max Planck y en la Universidad de Heidelberg, ambos en Alemania, un tercero en la Universidad de Oklahoma, en Estados Unidos, y, por último, otro en Suiza. Esos equipos realizaron estudios orientados a descubrir las causas del envejecimiento de los organismos y los factores biológicos presentes en el feto y que desaparecen al nacer éste. 

Además de coordinar esos equipos, se ocupó de su inmensa granja de ovejas cerca de Ciudad del Cabo, donde, además, intentó reintroducir animales salvajes que originariamente ocupaban aquellos parajes. En 1993 publicó su autobiografía, La segunda vida, donde además de hablar de su trayectoria profesional exponía con detalle sus idilios con mujeres famosas. En sus viajes y conferencias insistía en lo que fue la obsesión de sus últimos días: inculcar a la sociedad la necesidad de la donación de órganos.

En marzo de 2001 aún dio muestras de protagonismo al publicar Cincuenta fórmulas para un corazón sano. El 2 de septiembre fallecía en Chipre a los setenta y ocho años de edad, víctima de un ataque de asma, no de un ataque cardíaco como publicó la prensa a las pocas horas del fallecimiento. Ese mismo año, el implante en un paciente estadounidense del corazón artificial Abiocor como un órgano permanente constituyó un hito que empequeñecía de algún modo la proeza realizada por Barnard en 1967.

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