Profesor Manuel Silvino Nafeh Abi-Rezk

nafeh1Un cirujano debe luchar para que una vida no se pierda

Por Paquita Armas Fonseca

Con un currículo impresionante que se  inicia en  la  enseñanza primaria, el Dr. Manuel Silvino Nafeh Abi-Rezk, demuestra con su intensa vida tanto en lo profesional como en lo político, que desde una zona rural intrincada  se puede llegar a ser Jefe de Cirugía en el Cardiocentro del Hospital Hermanos Ameijeiras (HHA).

A su desempeño profesional como cirujano general y cardiovascular, une su intervención personal o colectiva en veintiséis investigaciones publicadas en Cuba, Italia y otros países. A tal actividad intelectual se le añaden cinco cursos impartidos, nueve asesorías y la predefensa de su doctorado en ciencias.

El Dr. Nafeh ha trabajado en Yemén, Italia, y Argelia, además de  participar en conferencias o encuentros en numerosos países como Argentina, República Dominicana y Ecuador. Ha recibido numerosos cursos de capacitación y organizado otros.

Sus méritos lo han llevado a merecer, además del agradecimiento de centenares de personas en sus 27 años de cirujano, altas distinciones como  Vanguardia Nacional SNTS-UJC, en 1986,  Logro de la Ciencia Cubana Otorgado por la Academia de Ciencias de Cuba, 1992,  Medalla Trabajador Internacionalista, 2003, y Medalla conmemorativa por el 75 aniversario de la fundación de la Sociedad Cubana de Cardiología en 2011.

-¿Cómo fue su infancia en Camagüey?

Muy feliz, se desarrolló en el Poblado de Sola, en aquel momento era municipio, ahora es la capital del municipio de Sierra de Cubitas. Crecí en una familia de emigrantes libaneses, todas las costumbres eran del país de donde procedíamos y las costumbres cubanas iban incorporándose. Los vecinos cubanos le enseñaban a mi mamá como hacer las comidas típicas y ella les enseñaba las libanesas poco a poco,  mis padres amaban a Cuba y a los cubanos, éramos bilingües, árabe y español, una familia muy unida y feliz. Estudié en la escuela primaria del pueblo y no me olvido de la belleza del campo y los naranjales que caracterizaban esa zona de Camagüey, recuerdo con nostalgia cuando jugaba con mis amigos   en los alrededores de la casa donde había unas construcciones de un central que nunca se terminó, pero allí cazábamos y pescábamos en los arroyos y en realidad éramos muy felices. En el seno familiar reinaba la paz y mis padres tenían una relación muy abierta con sus tres hijos de los cuales yo era el mas pequeño.

- Siendo descendiente directo de árabes  ¿Cuánto considera usted que hay en su personalidad de esa tierra que está al otro lado del Caribe?

Como descendiente de libaneses en mi personalidad hay un 50 por ciento de libanés y un 50 por ciento de cubano. Me siento muy contento de tener esta doble ciudadanía, países del tercer mundo que tienen múltiples similitudes, en ocasiones soy cien por ciento cubano, pero la sangre del Líbano siempre tiene un espacio en mi corazón: en los juegos olímpicos Cuba me da muchas satisfacciones, aunque sigo también al  Líbano que no llega a los logros de Cuba; cuando compiten un cubano y un libanés la victoria la veo para ambos.

-¿Acaso ser un alumno brillante desde la primaria hasta la Universidad obedece a la influencia de perseverancia árabe que lleva en sus venas?

La influencia de mis padres emigrantes fue primordial para alcanzar los logros en mi vida de estudiante y laboral, pero sin las posibilidades de la Revolución quizás no hubiera sido igual, ya que éramos tres hermanos y los tres logramos llegar a ser profesionales de la salud, mi hermana estomatóloga y mi hermano médico como yo.

Vivíamos en un lejano poblado del norte de Camagüey, mis padres hacían lo imposible por lograr que nosotros no perdiéramos un día de clase, la mayor satisfacción para ellos eran las notas del fin de curso y el criterio de nuestros profesores.

-¿Por qué estudió medicina?

Por vocación y humanidad por la salud de las personas, pero influyó que mis hermanos marcaran el paso y en los primeros años de la Revolución estudiaran medicina y estomatología en la  Universidad de Oriente y Camagüey. Además mi padre dejó los estudios en su país por la Segunda Guerra Mundial y ese sueño de ser médico sin presionarnos, nos marcó una inclinación a estas carreras tan sensibles y necesarias.

- ¿Y por que la cirugía en particular?

Desde pequeño admiraba a los médicos que operaban y curaban a las personas de forma muy objetiva, también mi hermano mayor era neurocirujano y me instruía mucho en los procederes quirúrgicos. Quizás esa influencia me llevó a optar por esta especialidad que en realidad es dura,  física y científicamente, pero con satisfacciones inolvidables por lograr que las personas se sientan bien y disfruten de sus familias y el resto de las cosas bellas de la vida.

- Se decide por operar corazones ¿por qué?

Cuando terminaba mis estudios de Cirugía General una noche de guardia veía la película del sábado, con mi profesor el Dr.  Capote, de Cirugía general. Era un filme donde una niña sin posibilidades de vida porque su corazón estaba dilatado fue trasplantada y reincorporada a su familia. Era la primera vez que veía una cirugía de esta envergadura y le dije a mi profesor que me gustaría ser cirujano cardiovascular. A los dos meses una compañera del Comité Nacional de la UJC se presentó en el hospital con un concurso para formar cirujanos cardiovasculares por iniciativa de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro. Ella me conocía y me llamó para que me incorporara al concurso que era de alcance nacional. Un año después supe que había quedado entre los 18 seleccionados de casi 100 de todo el país. Fue un día muy feliz para mí: vería mis sueños realizados.

- ¿Cómo llega al Hospital Hermanos Ameijeiras?

Dentro del grupo de residentes de cirugía cardiovascular que habían salidos del concurso, se ubicaron un grupo en el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, ICCCV y otro en el HHA. En realidad la personalidad y los logros en los trasplantes del Profesor Noel González me hicieron siempre optar por la plaza en ese hospital cerca del profe, con el cual estuve hasta que este dejó su vida laboral activa.

- ¿Tiene alguna idea de cuantos pacientes ha operado?

Realmente el número exacto tendría que buscarlo, pero en estos 27 años de cirujano cardiovascular he estado presente como cirujano principal, ayudando como alumno o profesor en aproximadamente 3000 operaciones, este dato puede ser un poco mayor o menor.

- ¿Qué siente un cirujano cuando se le muere un paciente?

Parte de mi vida se va con él, involuntariamente le transmito a toda mi familia la tristeza, por suerte recibo apoyo para recuperarme de cada episodio infructuoso, seguir adelante y salvar otros pacientes. Me queda la tranquilidad de que siempre empleo el máximo de mis posibilidades porque un paciente no muera, de todas formas estos no salen de mi mente en muchos años, sus nombres y familia quedan en mi pensamiento a veces para siempre.

- ¿Y cuando salva a una persona  desahuciada qué experimenta?

Una  alegría y satisfacción imposible de explicar, ver al paciente bien y su familia feliz es lo más grande que me puede pasar en mi vida profesional. Es algo maravilloso, así logro avanzar científica y humanamente a pesar de los momentos negativos que pudieran suceder en el trabajo diario.

-  Algunos especialistas dicen que desde el punto de vista quirúrgico es más fácil trasplantar que “arreglar” un corazón enfermo ¿Qué opina Usted?

El trasplante cardiaco es una técnica como otras que se realizan en Cirugía Cardiovascular. Necesita de un entrenamiento y un sistema de salud que asegure desde el donante hasta que el trasplantado sale de alta y es seguido en su casa. La técnica como tal es difícil, es resecar el corazón enfermo e implantar el donando de forma geométrica perfecta para que funcione, siempre presionados por el tiempo ya que este tiene una vida útil desde que se explanta de cuatro  horas y media. Creo que es tan difícil como arreglar los que están enfermos, además  el éxito depende de muchas personas, aunque al final la responsabilidad mayor es del  cirujano principal el que  llega a la cumbre del stress quirúrgico posible. Me parece que todas las técnicas de la cirugía cardíaca son difíciles y tienen un alto riesgo.

- A su juicio ¿Qué cualidades  debe tener un cirujano cardiovascular?

Mis profesores decían que un cirujano cardiovascular lo primero que debía tener es humanismo, sencillez y honestidad al realizar un proceder quirúrgico. Le agrego que no debe darse por vencido nunca y luchar por el paciente hasta el último proceder que pueda mejorar a una persona, olvidar el cansancio y luchar, luchar porque esa vida no se pierda.

- ¿Cómo ve el desarrollo de la cardiocirugía en Cuba?

Cuba ha hecho algo inalcanzable en la Cirugía Cardiovascular en un país del tercer mundo. Los recursos que dispone la Revolución y el Ministerio de Salud Pública para que esta especialidad se mantenga y desarrolle, solo puede ser posible en nuestro país. Esta especialidad se desarrolla y está a la par de los países del primer mundo, además esta asegurado el relevo porque se forman jóvenes en todos los centros del país.

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